Archivo de la categoría: Anteojo

Sección visual y gráfica que consta de fotografía, pintura, dibujos, caricaturas o videos

Imágenes a trasluz: Metáforas de la fecundidad

La consagración de la luz en 3 obras del artista ecuatoriano Miguel Betancourt: mutaciones cromáticas, transparencias múltiples y hermetismo poético.

“La metáfora es probablemente la potencia más fértil que el hombre posee.” José Ortega y Gasset

Por Betty Aguirre-Maier

Al observar la obra de Miguel Betancourt, su última muestra, comprendemos inmediatamente que su arte es un oficio fecundo, de largo tiempo, alimentado por el rigor y el talento. Imágenes a trasluz es el resultado del intenso y prolijo trabajo del maestro que ha logrado el efecto que tienen las grandes obras: llamar a la contemplación.

Aproximarnos a estas pinturas de extrema belleza y delicadeza es trascender el cotidiano recorrido de una galería. Cada imagen es una experiencia personal –y espiritual-, como lo menciona Betancourt: “Aspiro a que mi obra sea contemplada desde el territorio de la intimidad”.

De las trece piezas de mediano formato que constituyen esta colección, Entremares Magazine presenta tres de ellas, en un proceso de desplazamiento a través de la luz del día: “Esperando las olas”, “América y Europa” y “Retablo Quiteño”. Esta propuesta estética está inspirada en las experiencias del artista, entre otras, al contemplar los vitrales de catedrales góticas en varios lugares del mundo. Tanto aquellos vitrales como las obras de Betancourt fueron construidas como sitios sagrados, como un corpus sanctum , en los que cada individuo vive su propia e íntima experiencia. Como en los vitrales góticos, la luz que atraviesa el papel filtra el color y sus tonalidades e impregna el artefacto de una cualidad etérea que ilumina e intensifica los símbolos y sus formas,  llenando el espacio de un exquisito dramatismo y sensualidad y dando paso a la metáfora, como un medio esencial de intelección entre el artista y el espectador.

Miguel Betancourt en la ejecución de una obra en su estudio de Quito – Foto de FRANK SÁNCHEZ

En su ensayo “La deshumanización del arte”, José Ortega y Gasset describe la metáfora y sus posibilidades: “Sólo la metáfora nos facilita la evasión y crea entre las cosas reales arrecifes imaginarios, florecimiento de islas ingrávidas”. Este análisis nos ayuda en la comprensión de las preocupaciones y propuestas estéticas de Betancourt: su obsesión por evitar realidades, aparenciarlas, transfigurándolas. Pero sobre todo, el pintor quiere lograr que sus obras causen el mismo efecto místico que los vitrales  -como él lo explica-: “al provocar la concentración del devoto en el oficio divino y eliminar o reducir su preocupación por el mundo de fuera.”

Imágenes a trasluz son procesos fecundativos y alquímicos, que arrancan desde la búsqueda minuciosa de nuevos soportes que hagan posible la realización de estos poemas pictóricos. Entre ellos: el papel de fibra de arroz, similar a la seda, semejante a la piel humana. Sobre estas láminas puras y dispuestas, el artista aplica la acuarela con magistrales trazos caligráficos que evocan el noble y memorable arte de la caligrafía china. Estos trazos, firmes y potentes,  no son accidentales, son las formas estilizadas y estudiadas que han de otorgar de lirismo a cada pieza.

Con este bagaje de materiales, el maestro ensambla sus obras sobre armazones de metal que sostienen las dos láminas –diferentes pero parecidas- adosadas por el reverso y encapsuladas entre dos  hojas de vidrio. Ahora, lucen como piezas escultóricas que deberán esperar por la luz, por sus rayos y partículas, para consagrar sus múltiples posibilidades, transparencias y mutaciones.

Tres poemas

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Esperando las olas” es un canto a la voluptuosidad de un cuerpo que espera  ser besado por las olas, y fecundado por el mar. El rosado y el rojo de la carne, y el verdor de la exuberancia se unen al azul de un mar trepidante hecho de otros cuerpos o fantasmas. La luz hará lo suyo, nos sumergirá lentamente en ese mar y en ese cuerpo, metáfora de la pasión, del infinito deseo por poseer y ser poseídos.

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Europa y América” es una fusión que no termina de consolidarse, una metáfora del mestizaje irredimible. Europa trae consigo el refinamiento y la ambición, y fecunda a una América de belleza hermética e imperturbable. Rojos, azules, amarillos, reflejos de coronas, penachos, guerras, abrazan la pureza de un azul inquietante, de una piel desconocida. La mutación final de esta obra nos deja una mirada triste, confusa: dos mundos inseparables e irreconciliables.

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Retablo Quiteño” es una metáfora de la conquista: Dios y el oro; amarillos iridiscentes y azules sagrados, Virgen de Legarda, santos y querubines trabajados por manos indias bajo el orden divino. La belleza de esta pieza se desliza bajo los intensos rosas y rojos que filtran la luz, ¿Revelación de la sangre derramada?. La luz del mediodía traerá el resplandor y la opulencia del arte barroco; y, la tarde revelará en los intensos rojos el martirio, la esclavitud, las muertes que hicieron posibles el esplendor de los retablos quiteños.

Miguel BetancourtMIGUEL BETANCOURT (Quito, 1958).  El pintor ecuatoriano ha participado en más de 60 exhibiciones internacionales, entre ellas la XLV Bienal Internacional de Venecia. Recibió el Premio Pollock-Krasner en 1993. Se puede encontrar su obra en publicaciones como: Imágenes a Trasluz, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana (Quito, 2014); The Public Catalogue Foundation, Oil Paintings in Public Ownwership (Londres, 2005); Nuevos Cien Artistas, Mundo Diners (Quito, 2001); 200 Años de Pintura Quiteña, Citymarket (Quito, 2007) y Betancourt, libro de Paradiso Editores (Quito, 1996). En 2008 fue comisionado por Luciano Benetton como coordinador del proyecto Ojo Latino (Milán 2008) sección Ecuador. Artículos sobre su obra han aparecido en revistas como Americas de la OEA (Washington DC) y Ecuador Infinito (Quito), entre otras.

Los seres y los mitos de Washington Mosquera

El pintor ecuatoriano nos presenta un mundo maravilloso de personajes, vaporosidades y des/ilusiones.

Por Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

Hay en el trabajo pictórico de Washington Mosquera una ardua y persistente labor de encantamiento y liberación. Los personajes de sus cuadros no son figuras estáticas: tienen vida propia y viven dispersos hasta que Mosquera los convoca y ellos, a veces generosos y a veces tímidos, se asoman a esas ventanas que el pintor, gracias a su maestría, ha logrado abrir para nosotros.
“La Lechuga” es una dama que podría sacar la cabeza y descubrir al “Caballero del Mar” que parece resignado a la espera. O la mujer de rojo “En su alcoba” podría escuchar cuidadosamente la conversación de “Los bailadores de mambo”. En resumidas cuentas todos se reconocerían, pues de una u otra manera todos habitan ese mismo mundo poblado de mitos y des/ilusiones.
Mosquera es sumamente cuidadoso con sus personajes y su posibilidad subjetiva. Cada uno ellos es protagonista: cuentan historias, esconden secretos, juegan y aman. Tan únicos son que el artista cuida los detalles en la simplicidad y la elegancia de los trazos; como el de sus vestimentas, por ejemplo. En sus trajes y vestidos se traduce esa especificidad de estos seres mosquerianos, bien vestidos por magníficas texturas de brillantes colores: como el rosa neón de Esmeraldas, las blancas vaporosidades de algunas damas, o los negros y rotundos terciopelos de Belmonte, atrapado en una gaonera y acechado por la brutal belleza de unos cuernos.

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WMWashington Mosquera (Quito 1953) dibujante, pintor y grabador. En 1974 incursiona profesionalmente en el arte. Hasta 1980 firmó bajo el pseudónimo de “El Discípulo”. Ha realizado 29 exhibiciones individuales y 45 colectivas en: Ecuador, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Cuba, EEUU, Canadá, España, Francia, Alemania, Italia, Egipto, Japón. Ha sido invitado a Bienales Internacionales como las de: La Habana, Valparaíso, Barcelona y El Cairo. Ha ilustrado varios libros, periódicos, revistas; realizó el mural público “Quito Luz de América”, en Quito. Y ha dirigido escenografías para cine y televisión.

J.C. Pino: Naturaleza fantástica

El pintor venezolano cree en el poder renovador del arte, en su fuerza mística y en su misión humanística.

por Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

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Vale la pena tomar una frase de la obra clásica del escritor Rómulo Gallegos, Doña Bárbara, y sacarla de contexto para ilustrar el diálogo del pintor venezolano J.C. Pino con su lienzo: “Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”. Y es que la obra pictórica de Pino — rica, en color y textura — dialoga con una naturaleza fantástica poblada de flores, mujeres, mitos, seres alados, bestias en permanente huida; todo incrustado en la niebla de la memoria, de los recuerdos de mundos generosos, brillantes y exuberantes como los de su hogar: Venezuela.

Desde ahí, desde ese espacio alquímico y onírico donde todo se transforma, Pino extrae preciosismos y a veces algunos fantasmas. En esta última colección, casi 60 cuadros de varios formatos, Pino experimenta una técnica nueva, el uso de pintura de vidrio que le otorga a cada lienzo un potente juego de luz y fantasía. En tema de soportes y pigmentos, Pino es capaz de lograr una sinfonía de tonos y matices, que van desde colores vibrantes a diáfanos pasteles. Los trazos, en muchos de sus cuadros son indefinidos e inacabados, causando un efecto de derretimiento, como si los recuerdos no se concretaran.

El mundo pictórico de Pino está influenciado por varios maestros, como: Gustav Klimt, Velázquez, Monet, Degas,Tiffany, Trompiz, entre otros, lo cual podemos apreciar en algunas obras, sobre todo en las varias Meninas de espléndidos trajes y rostros abstraídos o enigmáticos. Menina 14, por ejemplo, evoca poderosas emociones de sensualidad, pasión, coquetería.

Hay en la obra de Pino una búsqueda intensa de imágenes que hagan de puentes entre el paisaje árido y agreste de Utah y aquel del sur septentrional y caribeño de su primer hogar. Búsqueda necesaria para recuperar memorias, transformarlas y  plasmarlas sobre un lienzo.

jcpinoJuan Carlos Pino (Venezuela, 1963). J.C. Pino, como se lo conoce, reside en Salt Lake City, Utah. Tiene una maestría en administración y publicidad. Ha expuesto en varias ciudades norteamericanas y la mayoría de sus obras están en colecciones privadas.

John K. Lawson: De las ruinas, un renacer

Después de que el huracán Katrina devastase su hogar y su obra, el pintor británico le da nueva vida a los vestigios.

por Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

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En agosto de 2005, el huracán Katrina arrasó con la ciudad de Nueva Orleans, dejando bajo dos metros de agua y durante seis semanas la casa y el estudio del artista británico John K. Lawson. Este acontecimiento trágico cambió su vida, marcando un antes y un después cargado de optimismo por la vida y el arte.

Lawson creció en la Inglaterra rural en donde vio ir y venir a gitanos y vagabundos que se detenían en la casa familiar para intercambiar trabajo por comida y algo de calor. En ellos descubrió y se fascinó por las texturas de su piel desgastada a la intemperie y la rústica, pero a la vez fascinante, confección de sus trajes. De ellos aprendió su sentido de espacio y lugar y su pensamiento nomádico de poseer muy poco. Todo aquello tendría un enorme efecto en su vida, como cuando tomó la decisión de mudarse a Estados Unidos a una de las ciudades más diversas del país, la sureña Nueva Orleans, heredera de tradiciones francesas y afroamericanas, en donde confluyen saberes, signos y subjetividades. O cuando más tarde y con muy poco o casi nada, debió rehacer su vida y continuar su arte en lugares completamente diferentes.
Antes del huracán Katrina, Lawson era conocido, entre otras cosas, por su laborioso trabajo de cuentas de colores recicladas de collares usados durante la celebración de Mardi Gras. Después de cada celebración carnavalesca, mientras Nueva Orleans dormía, Lawson salía a St. Charles Avenue a recogerlas, reciclarlas y luego usarlas, para crear con ellas extraordinarios objetos de arte; entre ellos impresionantes pianos completamente cubiertos con ellas. En medio de su belleza estética, estos objetos están poblados de símbolos y de temas de connotación política, social y económica.
Después del huracán, Lawson se mudó al norte del país, en donde alterna entre la vida metropolitana de Nueva York y la vida rural de su casa de campo en Massachusetts, iniciando así una nueva etapa, un recolectar de memorias, de personajes y de situaciones, que se plasman en los collages que aquí se publican.
Durante los últimos cinco años, Lawson ha invertido tiempo y material en estas obras. Cada una de ellas está envuelta en un aura casi mística, de santos y patronos, empapada de vibrante energía, de detalles bellamente intrincados. Papel pintado, recortes de periódicos, revistas, catálogos, etc., son el material fundamental para dar vida a personajes casi tridimensionales que se transforman, aparecen y desaparecen en este juego fragmentario de formas y colores en constante movimiento.
Personajes del mundo del jazz como Ella Fitzgerald, John Coltrane y Charlie Parker parecen surgir del fondo de una interminable fiesta, de un perpetuo carnaval que celebra la vida. Otros personajes, como los que aparecen en la colección “Life”, nos presentan a seres extraordinarios que parecieran estar en cualquier esquina o rincón de Nueva Orleans, Nueva York o Londres, ahi, en donde la mirada se posa y los demás sentidos se regocijan.

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JL PhotoJohn K. Lawson (Birmingham, England, 1962). Creció en la campiña inglesa hasta que su familia se mudó a Londres. Estudió en Louisiana State University. Absorto en la cultura del sur de los Estados Unidos, pronto pasó a formar parte de la escena undergorund de Nueva Orleans, trabajando en varios campos como el tatuaje y el grafiti. Llegó a ser muy conocido por su trabajo artístico con cuentas recicladas que recogía después de las frenéticas noches de Mardi Gras en el French Quarter. Después del huracán Katrina, en el que perdió su casa y su estudio, se mudó al norte del país en donde continúa trabajando. Ha ganado entre otros el premio Pollack Krasner Foundation.

En el país de “la gente del agua”

El periodista Robert Max Steenkist junto a un grupo de expedicionarios exploran el río Vaupés en el sureste colombiano para conocer a los indígenas wanano.

Durante cinco días un grupo de nueve expedicionarios bogotanos remontamos el río Vaupés hasta la población de Taina en el sureste colombiano para compartir tiempo y actividades con los indígenas wananos o guananos.

Los indígenas wanano son una comunidad de aproximadamente 1.000 habitantes dispersos en poblados como Santa Cruz, Villa Fátima, Macucú, Naná, Yapita y Carurú, a lo largo de la frontera del departamento del Vaupés con Brasil.

Se llaman a sí mismos “Gente del agua”. Su vida gira en torno al río. Son expertos en pesca, que ejecutan usando los cacurís, o trampas para peces que instalan en las cachiberas o los raudales. Viajan preferiblemente en canoas por el sinfín de rutas acuíferas que existen en la zona del Vaupés. Creen que sus antepasados míticos subieron por el río Vaupés en la Canoa Ancestral (también conocida como Pahmoni Busoca) o Canoa Anaconda (Pinoso Busoca) hasta el raudal de Santa Cruz, en donde nosotros comenzamos nuestro recorrido.

Las canoas siguen siendo el principal método de transporte en el Vaupés / Busoca hiro andita ho andita nasone harmare Vaupes. / Robert Max Steenkist

Los primeros humanos que llegaron a Santa Cruz tallaron jeroglíficos en la roca, que aún pueden verse hoy. Ninguno de nuestros acompañantes pudo decirnos con certeza qué noticias traían estos enigmáticos dibujos desde la espesura del pasado.

Los ríos y la memoria / Diare há wacuati / Robert Max Steenkist

Para los wananos existen tres verdades eternas: el agua, la roca y el humo. La primera de ellas es la más potente, cruel y generosa de las tres. El río, como casa de ésta, es la entidad que los protege, los limpia, le otorga la movilidad y el alimento. También se presenta como un poder sin misericordia cuando el invierno llega o cuando se comete alguna imprudencia sobre un raudal.

Al contrario de muchas etnias, los wanano no se consideran superiores a otras etnias o grupos de humanos. Saben, por ejemplo, que la Gente de la Roca (Taa Masa) fue creada por el trueno mucho antes de que ellos estuvieran en los planes de la creación. Por eso, tal vez, preservan un tono respetuoso en la relación que tejen con cerros como el Yavaraté.

Siempre hay un cerro más alto / Padu testua mera yududu hica / Robert Max Steenkist

Los wanano tampoco están de acuerdo con aquellos que creen que a este mundo se viene a sufrir. Motivos para celebrar abundan en el Vaupés: la finalización de la construcción de una maloca, la llegada de algún esperado, la tirada de una nueva canoa al agua, la recolección de una cosecha, una pesca abundante. Para cada acontecimiento se preparan litros de chicha (elaborada de yuca dulce) para todos los adultos. Se ofrece quiñapira (una especie de hogao con pescado, ají, hojas de carurú e incluso hormigas manibara) y casabe, el cual puede ser a base de yuca exprimida en matafrío, en forma de torta, con almidón (ideal para viajes, pues se preserva largo tiempo), entre otros. Ese banquete se acompaña con yaquitaña (ají en polvo) y fariña (gránulos de yuca). La abundancia de platos varía de acuerdo a las temporadas de pesca o caza, pero, sin importar la época del año, los guananos tienen antídotos en contra del cansancio y el hambre del viajero.

Las mujeres y los niños también gozan / Munia hayoo macaraca cu wachera / Robert Max Steenkist

“En raras ocasiones organizamos homenajes a nuestros visitantes”, asegura Gustavo, el capitán de Taina, la comunidad más apartada que visitamos. Un mambucury es una celebración en homenaje a alguien que llega de visita.

La flauta y la corona se ponen en las celebraciones / Turiro hayoa carrizo busenumurire putire / Robert Max Steenkist

Los techos habían sido decorados con cadenas de papeles y en dos tableros de la Maloca, los habitantes de Taina nos daban la bienvenida: “Sean bienvenidos Tomas y sus amigos del trabajo” decía una de ellas; “Tomas y sus compañeros: que ésta no sea la última visita, síganos visitando. Gracias”.

De esta manera sencilla, transparente y sin pretensiones llegamos al momento más emocionante de nuestra expedición. Faltaría aún ascender a cerros espectaculares, en donde las guacamayas son dueñas y señoras de las alturas de piedra, y sobrepasar peligrosos ríos raudales. Quedaría mucho más por descubrir en esta región selvática y cautivante, pero el encuentro con la Gente del Agua sería sin duda la mejor puerta de entrada a la riqueza cultural y natural del Vaupés.

Robert MaxRobert Max Steenkist (Bogotá, 1982) estudió literatura en la Universidad de los Andes de Bogotá y completó una maestría en estudios editoriales en la Universidad de Leiden. Trabajó en el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC/UNESCO) y fue profesor de la Universidad de los Andes. Actualmente divide su tiempo entre el Colegio José Max León, la agencia de fotografía FotoMUST, la agencia de viajes de turismo sostenible BogaTravel y la fundación Bogotham Arte y Cooperación. También trabaja para la Ópera de Colombia y el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ha publicado los libros Caja de piedras (cuentos, 2001) y Las excusas de desterrado (poesía, 2006). Su trabajo ha sido publicado en Alemania, Colombia, España, Grecia, Holanda, México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Vive en Bogotá con su esposa Carolina y su perro Patán.

Crónicas desplazadas

Fragmentos de Crónicas de Indias hallan espacio en un cuerpo gradualmente travestido y en la voz de un criollo en dos cortos del cineasta ecuatoriano Miguel Alvear.

cronicas PEDRO CIEZADe como se daban poco estos indios de haber mujeres vírgenes y de como usaban el nefando pecado de la sodomía. (De la serie Crónicas, reloaded, 2013)

  • Realización: Miguel Alvear
  • Arte: Enrique Vásconez
  • Música: Alex Alvear
  • Cámara: Miguel Alvear
  • Interpretado por León Sierra

Interpretación de un fragmento de la Crónica de Indias de Pedro Cieza de León, escrita en el siglo XVI. El fragmento corresponde a su descripción de las costumbres de una comunidad de la actual península de Santa Elena, en la costa ecuatoriana.



naufragio El CriolloEl criollo
(de la serie Naufragios, reloaded, 2010)

  • Realización: Miguel Alvear y Amaia Merino
  • Arte: Enrique Vásconez
  • Música: Alex Alvear
  • Cámara: Daniel Avilés
  • Interpretado por León Sierra

Interpretaciones de un fragmento del libro Naufragios (1542), del explorador y cronista español Álvar Núñez Cabeza de Vaca para la exposición El d_efecto barroco. Políticas de la imagen hispana, curada por Teresa Badia y Jorge Luis Marzo. En este proyecto – realizado encloselaboration con Amaia Merino– tres actores profesionales interpretan textos de la crónica en la que el expedicionario informa al Rey de España sobre su desastrosa travesía de ocho años desde La Florida hasta los territorios del México actual.

En su crónica, el conquistador español deja entender que sufrió una suerte de paulatina “deshispanización” por su prolongado contacto con los pobladores americanos, hispanidad que reconstruye a medida que se vuelve a conectar con el mundo cristiano. Esta circunstancia me parecía interesante en el contexto de la mencionada exposición, pues su propósito era decodificar lo barroco como una construcción sobre la cual se ha edificado la noción tal vez artificial de la “hispanidad”, ideología que suele encubrir intereses económicos y políticos.

MIGUEL ALVEARMiguel Alvear (Ecuador) es artista visual, realizador, gestor cultural. Su trabajo ha sido incluido en las antologías de cine experimental Visionarios y Cine a contracorriente. Participó en la 55 Bienal de Venecia (2013). Es autor del libro Ecuador bajo tierra, videografías en circulación paralela (2009), sobre cine informal en Ecuador. En la actualidad vive en Quito y trabaja en su siguiente proyecto fílmico Por un puñado de DVD.

John K. Lawson: From the ruins, a rebirth

After Hurricane Katrina destroyed his home and work, the British artist gives new life to the remains of a devastated city.

By Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

Para leer esta historia en Español, hacer clic aquí

In August of 2005, Hurricane Katrina pummeled New Orleans, leaving John K. Lawson’s house and studio under nearly 10 feet of water for six weeks. The storm changed the British artist’s life, setting a before and after nonetheless infused with optimism for art and life.

Lawson grew up in the English countryside, where he came into contact with gypsies and transients who came to his home looking for work or food. Their skin, weathered by countless wandering days, and the texture and craftsmanship of their intricate clothing fascinated his young, artistic eye. From them, he acquired a unique sense of place and space, and a nomadic mindset. This, as he would later learn, had a profound effect on his life: his decision to move to the Deep South, to New Orleans, a true melting pot of French and African-American heritage, and how years later a catastrophic storm would force him to rebuild his life and move again.

Before Katrina, Lawson was known for his intricate works using discarded Mardi Gras beads. At night, when the carnivalesque exuberance waned and the city slept, Lawson would wander down St. Charles Avenue and collect the beads, which became the building blocks of extraordinary art pieces, such as a piano completely covered by the colorful beads. But beyond their aesthetic beauty, these pieces are charged with political and social commentary.

After Katrina, Lawson moved north, where he divides his time between the cityspace of New York and the rural life in his home in Massachusetts. Here, he begins a new chapter filled with new memories, characters and life, the product of which are published here.

These pieces, which Lawson has spent the past five years working on, are enveloped in a mystic aura, impregnated with energy and intricate details. Painted paper, newspaper, magazine and catalogue clippings are the raw materials that Lawson employs to construct characters that appear and disappear in a fragmentary play of color and form. Iconic figures of the jazz scene such as Ella Fitzgerald, John Coltrane and Charlie Parker seem to emerge from the stupor of an endless party, of a perpetual carnival that celebrates life. The spectator can’t help but feast on the colors, the constant movement, and surrender to Lawson’s call to life.

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JL PhotoJohn K. Lawson (Birmingham, England, 1962). Lawson first came to United States on a student exchange program to Louisiana State University. Lawson was drawn to the Deep South and became part of an underground art culture in New Orleans that included working in tattoo, T-shirt, and graffiti murals. Lawson became known for his unique drawing style and creations using recycled Mardi Gras beads. In 2005 Lawson’s home and studio were destroyed during Hurricane Katrina. He spent several years reworking his flood-damaged pieces. This gained the attention of several New York galleries and awards including the Pollack Krasner Foundation. In 2009, Lawson began working on a series of large scale figurative collage work. Some of these are currently on view in New York at MZUrban Art. Lawson divides his time between New Orleans and New York City, where he lives with his wife, and son, Sebastian. To learn more about the artist, please follow this link.

Raíces de ciudad

El pintor ecuatoriano Marco Martínez Espinoza le rinde un homenaje a la ciudad serrana de Cuenca.

HOMENAJE A CUENCA

Cuando por primera vez llegué a esta ciudad me conmovieron las montañas que la abrazan, los ríos que la bañan y el paisaje urbano con sus templos así como sus antiguas y hermosas casas. Hoy es una urbe en constante crecimiento a la cual rindo mi imperecedero homenaje de cariño y gratitud.

~ Marco Martínez Espinoza

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Lo que dicen los críticos…

Alexandra Kennedy Troya > Historiadora de arte y catedrática de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador

La visión de Marco Martínez Espinoza —sus ojos y pinceles— se adentra extasiada y tímidamente por los hiucundos, la densa selva o los enloquecidos ríos serpenteantes. Sigue una tradición de muchos siglos, sigue lo que llamo la cadena generacional. Sin saltarse ni un solo paso, imaginó el paisaje como lo habían hecho en su momento Troya o, actualmente, el cubano Tomás Sánchez. No dejó de entrenarse en él, de regodearse en él. Mas el pincel, el lápiz o la mano siguen los rasgos que los ojos miran, que el intelecto sugiere o que el alma percibe. Y hay impactos en la vida que le hacen a uno fijarse, posicionarse en una nueva constelación. Martínez empezó a observar con su hijo Juan Pablo una región poco explorada por artistas e ilustradores: el bosque seco, el claro cielo, la brillantez del tronco sin una hoja, el copo de una lana que nace del ceibo y vuela enloquecido sin rumbo alguno.

Inés M. Flores > Historiadora de arte

En esta muestra, el maestro Marco Martínez Espinoza nos permite, al menos imaginariamente, apartarnos por un momento del tráfago citadino de una urbe donde la modernidad, de manera avasalladora, se ha impuesto sobre el tranquilo decurso de las horas de un pretérito cercano.

El arte de Martínez se nutre, en gran medida, del conocimiento científico de la vegetación de nuestra geografía, y entonces aparecen las flores y los animales, como para ilustrar unos catálogos de botánica y de zoología. Pero no es solamente el conocimiento del tema el que guía la mano de este artista, sino el amor al mundo vegetal y a los vertebrados e invertebrados que pululan en sus lienzos.

Jorge Dávila Vásquez > Escritor y crítico de arte

Esta muestra es no solo la evidencia mayor de la maestría a la que Marco Martínez Espinoza ha llegado, en cuanto al uso del color, a la flexibilidad compositiva, a la capacidad de evocar la realidad representada, con un poder creativo que asombra, conmueve, encanta, sino también una especie de vasto poema a la Pachamama, esa tierra madre que abraza la ciudad, con sus ríos, sus montañas, las piedras que brotan de su entraña, las nieblas y las nubes que la sobrevuelan, como aves legendarias.

Rodrigo Villacís Molina >  Crítico de arte y literatura, periodista y catedrático universitario

Martínez se da a conocer, en principio, por su dominio de la acuarela, técnica a la que él dedicara mucho estudio y práctica, fascinado por las posibilidades que ofrecen esos delicados pigmentos. En su obra, que adopta como tema el bosque húmedo, aparecen formas neofigurativas, a veces explícitas y otras mimetizadas con hojas, troncos, ramas; pero siempre con una disimulada carga erótica. Después el pintor descubre, al sur del país, el bosque seco, con los ceibos, que simulan cuerpos humanos y el abrazo amoroso de la pareja. La búsqueda de nuevos materiales le lleva a ensayar una mezcla de óleos, acrílicos y tintas, convirtiéndose en un aprendiz de alquimista, que al cabo de innumerables experimentos consigue lo que buscaba: la mezcla adecuada para alcanzar lo que yo llamo “texturas virtuales”, porque no responden al tacto, pero producen un efecto visual de asperezas y relieves. Es una técnica desarrollada por Martínez, que ciertamente constituye un aporte al oficio de pintar.

Autoretrato de Marco MartínezMarco Martínez (Ecuador, 1953) se graduó de arquitecto en la Universidad de Cuenca en 1977. Desde 1986 participa en exposiciones colectivas y en salones de pintura en el país. Su pintura vinculada con la naturaleza empieza con la exposición “Homenaje al Bosque Tropical” en 1994. Con la Exposición Itinerante “Equator and its natural environment”, en la Organización de Estados Americanos, Washington, D.C., Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Ginebra, Suiza, y Unión Postal Universal, Berna, Suiza, en 1998, inicia su etapa de exposiciones internacionales que lo han llevado a Estados Unidos, Francia, Suiza y Gran Bretaña. Actualmente trabaja e investiga sobre nuevas técnicas en su taller en Cuenca, Ecuador.

Troy Henriksen – Un americano en París

La obra pictórica de Henriksen devela sus raíces y una cultura que dialoga desde los símbolos, los iconos, la lengua misma.

por Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

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El arte de Troy Henriksen encontró su lugar en París hace 15 años. Como cualquier otro artista que llega a la Ciudad de la Luz, cargado de una paleta, colores y muy poco en el bolsillo, Henriksen pintó en la calle, las esquinas y a orillas del río Sena, inspirado siempre por la vida misma, los sucesos diarios, el 9/11, la guerra en Irak.
La historia de vida de Henriksen no es una historia común. Después de dejar la escuela a los 15 años, de dedicarse a pescador, del tumulto de las drogas y la depresión, Henriksen se desplazó al mundo del arte. Así y allí descubrió Francia.

En 1998 compró un boleto a París — sin retorno. Allí fue descubierto por Eric Landau, dueño de Galerie W, localizada en el bohemio barrio de Montmartre. De la mano de Landau, Henriksen se dio a conocer en los círculos parisinos.

El arte de Henriksen podría ser calificado como neo expresionista, apegado a la corriente del Bad Painting de los años 70, que buscaba distanciarse del arte convencional. No es extraño que al mirar las obras de Henriksen por primera vez, nos venga a la memoria las pinturas de Jean-Michel Basquiat. Sin embargo, Henriksen ha construido su propio estilo: optimista e ingenuo, profundo y contestatario, repleto de realidades, recuerdos, alegorías y sobre todo, color. Colores brillantes que denotan su pasión por la vida y el arte, su propia manera de interpretar lo ordinario, lo cotidiano, la ciudad, la gente y sus relaciones.

Muchas de sus pinturas develan sus raíces y su cultura; una cultura que dialoga desde los símbolos, los iconos, la lengua misma. Lo oscuro, trágico o violento, Henriksen lo embellece con luz y color, y un lenguaje poblado de acertijos, deconstruido, personal y no tan personal, inscrito en la memoria colectiva.

Por ejemplo, Marilyn Monroe, el icono y símbolo sexual de una época, es reapropiado para inscribir sobre ella los deseos y fantasías de varias generaciones, otorgando a su imagen, intimidad y cercanía. También, podríamos recrearnos en otra obra tomada de La Venus del Espejo, de Diego Velázquez, que Henriksen ha llamado simplemente Venus. Color, collage, graffiti, símbolos pop, alegorías, todo un juego que sorprende por su aparente ingenuidad pero que en realidad postula la reapropiación de lo clásico, lo canónico, para traducirlo a un espacio más dinámico y contemporáneo.

Otras obras como las de los beisboleros o comics, nos revelan la espontaneidad de Henriksen, absorta de cualquier rigidez en el tema o en el trazo. Obras que muestran optimismo, sarcasmo, humor, pasión y a la vez, la rendición del artista a una ciudad que lo adoptó y le abrió las puertas, pero sin haber renunciado a sus raíces: un americano en París.

Troy HTroy Henriksen (Massachusetts 1968). Pintor y músico, reside en París. Hijo de inmigrantes noruegos, a los 15 años se convirtió en pescador y trabajó junto a su padre, capitán de barco, por varios años. A los 27 se inició en el arte como autodidacta. Desde entonces, desde Boston hasta su llegada a París en 1998 no ha dejado de pintar. Ha expuesto en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Luxemburgo, Holanda e Inglaterra. Es artista permanente de la Galleria W en París. http://www.galeriew.com/

Australis: El new age que viene del sur

Con melodías instrumentales de gran riqueza, matizadas de texturas vocales y pobladas de arreglos étnicos y elementos acústicos, el músico tiende puentes entre distintos puntos del planeta.

Por Betty Aguirre-Maier
Entremares Magazine

Escuche a Australis

1.Australis-Adrift-Adrift


2.Australis-Adrift-Silhouettes


3.Australis-Adrift-Cursed


4.Australis-Adrift-DeepAmericas


5.Australis-Adrift-Fragile by design


6.Australis-Adrift-Afternoons in paradise


7.Australis-Adrift-142


8.Australis-Adrift-Homecoming


9.Australis-Adrift-Thelunatic-part two


10.Australis-Adrift-Slip away with me


11.Australis-Adrift-Epilogue


12.Australis-Adrift-Turnsoffaith

Australis es el proyecto musical que lleva a cabo el peruano Oscar Aguayo radicado en Utah, Estados Unidos, y siendo su único responsable, también  ha utilizado ese nombre como  marca personal. Australis se originó en 2004, cuando la agrupación musical en la que Aguayo componía, producía y era vocalista, se disolvió. Sin tener un plan exacto, decidió hacer composiciones sin los límites impuestos por la industria de la música. Aquella resultó ser una decisión afortunada. Pocos meses después, se hallaba lanzando al mercado su primer álbum: «Lifegiving» (2005), que fue acogido con gran éxito entre los seguidores del género new age e instrumental. Después vendrían otros trabajos musicales como «The Gates of Reality» (2008), «Sentient Genus» (2010) y su último álbum «Adrift” (2014), del cual se pueden escuchar fragmentos en esta publicación.

El new age (nueva era) es un género que tuvo sus orígenes en músicas autóctonas como la céltica, la africana o la tibetana, cuyos sonidos cobraron vigencia hacia 1960 al fusionarse con melodías ligadas a la meditación y la espiritualidad, propias de movimientos que buscaban potenciar la vida interior y la creatividad, pero que sobre todo buscaban despertar emociones en quienes la escuchan. El new age, debido a su versatilidad, ha permitido experimentos bastante peculiares como la construcción de melodías minimalistas, la creación de piezas mediante la repetición de matemática fractal y sincretismos con el jazz, el tango y la voz humana. Entre los representantes más renombrados de este género están el músico griego Vangelis, la banda alemana Cusco, la británica Sara Brightman –quien canta una variación del new age denominada classical crossover– y  la agrupación rumana Enigma, que ha realizado temas donde se priorizan los sonidos electrónicos.

En esta misma línea, Australis (que significa “del sur”) le ha otorgado a Aguayo y a su proyecto musical una peculiar identidad latina. Aguayo emigró a Estados Unidos hace casi 30 años y, como todo inmigrante, no se fue del todo de su país de origen y quiso tender puentes imaginarios de sensibilidad entre uno y otro punto del planeta. Al escuchar su música, descubrimos melodías instrumentales de gran riqueza, matizadas de texturas vocales y pobladas de arreglos étnicos y elementos acústicos.

La música de Australis ha sido posicionada por los medios y por el público en los géneros de new age, ambient, electronic y neoclassical, y ha llegado muy lejos, fuera de los Estados Unidos, hasta países del norte de Europa, en donde su audiencia siempre espera por nuevos trabajos y cuyas expectativas serán saciadas finalmente este año con el lanzamiento de «Adrift”.

En un diálogo con Entremares Magazine, Australis nos habla de lo que le conmueve y le inspira a crear cada tema, así como de su último CD, que será lanzado a mediados de mayo.

Entremares Magazine (EM): ¿En qué te inspiras?

Oscar Aguayo (OA): Quisiera tener una respuesta exacta para esta pregunta: algún aspecto específico de la vida al cual recurro constantemente por inspiración. Pero mi experiencia siempre ha sido mucho menos precisa, más difícil de localizar. Por un lado, pienso que lo que llamamos ‘inspiración’ es en realidad vulnerabilidad, y que todos somos vulnerables a ciertas cosas. Y cuando esas cosas – particulares para cada persona – se nos acercan: nos afectan, nos conmueven, nos sacuden. No importa de qué se trata, al final todos tenemos áreas de nuestra psicología que son más sensibles que otras. Así es más o menos como funciona para mí. Ocasionalmente se presentan conceptos nuevos, se dan situaciones inesperadas que tocan mi corazón con más fuerza de lo cotidiano. Es difícil señalar cuáles son con exactitud porque casi siempre se trata de cosas impredecibles. Esa es la forma en que yo experimento inspiración.

Por otro lado, cuando nos vemos afectados de esa forma, profundamente conmovidos por algo poderoso e imprevisto, no nos queda más que lidiar de alguna forma con esos sentimientos hasta que terminamos por digerirlos y seguir viviendo. De lo contrario perderíamos la cordura. Obviamente, todos hemos aprendido nuestras propias maneras de procesar esta clase de sentimientos. Algunos lloran, otros hablan, otros huyen, otros escriben… otros componemos música.

Aunque no puedo dar una respuesta específica a la pregunta, sí puedo dar un ejemplo. El tema «Little Clockmaker» (Pequeño Relojero), por ejemplo, nació de emociones que mi hijo (de seis años) plantó en mí luego de haber aprendido a leer las horas del reloj y, viéndome siempre ocupado trabajando, anunciara que iba a modificar el reloj de la casa para que vaya más despacio y así yo pudiera tener más tiempo para jugar con él.

Nunca sé por dónde va a venir lo que me conmoverá más adelante; pero cada vez que sucede, produzco nueva música. Así que solo necesito asegurarme,  permanecer sensible y atento.

EM:Este es tu cuarto CD, “Adrift”, A la deriva. ¿Qué  hay de nuevo en este trabajo?

Australis - Adrift (cover)OA: Como con mis discos anteriores, este disco contiene material completamente nuevo. Es decir, ninguno de sus temas ha sido publicado previamente y el oyente dispondrá de doce temas nunca antes escuchados.

Otra novedad es la segunda parte de la suite «The lunatic» (El lunático). La primera parte fue lanzada en el álbum anterior (Sentient Genus) en el 2010. La segunda parte, incluida en «Adrift», es la continuación a partir de donde se quedó la primera.

Una confesión personal acerca del álbum, sin embargo, es que ha sido producido durante un periodo muy duro de mi vida. Durante los tres años que me ha tomado componer todos los temas del disco he tenido que enfrentar situaciones muy adversas, situaciones de esas que te desestabilizan y modifican las estructuras sobre las que has construido tu vida. Esa es la razón por la que producir «Adrift» ha tomado tanto tiempo. Pero al mismo tiempo, esas experiencias son las que dieron luz a varios de los temas de este nuevo disco.

EM:¿Qué lugar tiene la música new age en el mundo de hoy?

OA: Cada género musical en el mundo está definido por ciertos parámetros acústicos y de estilo. Por eso es que se puede diferenciar un género de otro. Por ejemplo, el jazz posee características que el rock no tiene; y el rock tiene características que no están presentes en el reggae. Y así sucesivamente. En contraste, el new age es uno de los géneros musicales menos definidos de todos. Las características que lo definen son tan amplias que el género presenta mucha más riqueza y variedad de estilos de las que existen en otros géneros.

Por esas razones, el new age es el género al que acuden compositores que desean completa libertad creativa. Compositores que persiguen experimentar, crear nuevas fusiones de estilos, compositores que desean salir de lo convencional y lo trillado a fin de producir material intrínsecamente original. Para el oyente, esto se traduce en un género lleno de sorpresas, lleno de innovaciones; un género que se sale de la norma popular y trae más bien estructuras novedosas, paisajes acústicos no encontrados en ningún otro estilo musical.

Obviamente, esto aísla un poco al new age de las corrientes populares que, todos somos testigos, prefieren seguir escuchando ‘más de lo mismo’. Entonces el new age termina siendo un estilo musical reservado y valorado por oyentes cuyos gustos están más allá de lo común. Ese es el lugar que el new age ocupa hoy y ha ocupado desde sus inicios a fines de los sesentas: un género musical para el oyente que gusta de salir de lo típico y lo ordinario, para el oyente que busca explorar y evocar más allá de donde llegan los géneros populares.

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