Archivo de la categoría: Anteojo

Sección visual y gráfica que consta de fotografía, pintura, dibujos, caricaturas o videos

Destellos y penumbras

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En pinturas de óleo en lienzo, Ángela Rivas explora las dimensiones del color y la textura.

Universos de color que evocan creación, destrucción, renovación y continuación son las obras de Ángela Rivas. El arte abstracto nos lleva a infinitas posibilidades a las que asiste nuestra capacidad de observación y análisis. Lo abstracto en el arte es esa otra realidad en la que las formas se manifiestan imperceptiblemente ante nuestros ojos, yuxtapuestas al color, al dramatismo o a la calma. Los trazos y la textura nos ofrecen un lenguaje codificado que no espera el entendimiento, más si la contemplación.

~Entremares Magazine

Angela RivasÁngela Rivas comenzó a pintar en el 2003 y a partir de entonces ha tomado clases particulares con diferentes pintores. Su trabajo se enfoca en estilos impresionistas, abstractos y contemporáneos, y en sus obras le gusta combinar distintas técnicas, principalmente el acrílico con el óleo y el carboncillo con el acrílico.

‘Ernesto’: Una historia sobre crecer

El mediometraje explora la juventud — sus andares, desafíos y pérdidas.

[show_hide title=»Melina Wazhima«]Melina Wazhima es cineasta y catedrática de la carrera de cine de la Universidad de Cuenca.[/show_hide]

“Ernesto” y su autor comparten la juventud y, con ella, cuestionamientos propios de esa etapa de la vida: la independencia familiar y la búsqueda de los horizontes que dibujarán su vida adulta. Tal vez por esto, este mediometraje salido de las aulas de la carrera de cine de la Universidad de Cuenca (Ecuador), propone un aura de honestidad y cercanía, que da fe de la importancia, tantas veces señalada por autores de textos narrativos y cinematográficos, de hablar sobre lo que se conoce.

“Ernesto” es una historia sobre descubrir cuál es el siguiente paso, “Ernesto” es una historia sobre crecer. Historia contada infinitas veces pero que guarda la virtud de hacer suyo un entorno social y geográfico bien conocidos por el autor, el de una pequeña ciudad de la sierra andina, cuyo horizonte natural está marcado por montañas de mediana altitud que la rodean como invitando a vivir casa adentro, sin la tentación de buscar más allá; y una familia sobreprotectora —representada en la madre— a la que le cuesta aceptar el abandono del nido.

El resultado, lejos de un paisaje localista, se revierte en la empatía que el espectador puede sentir a través de un sencillo proceso de identificación con la experiencia de un joven que se vuelve adulto; proceso que la mitad de los espectadores ya hemos vivido, y la otra mitad, probablemente, esté sumergida en él. Es por tanto, un cortometraje sin miedo a asentarse en su propio universo —el geográfico, el sociológico y el generacional— obsequiándonos de esa manera, un relato con elementos y paisajes singulares, sospecho autobiográficos por momentos, pero en la que el autor consigue no sobreponer su propia historia a la del personaje.

El director Francisco Álvarez, de 22 años, altamente interesado en la investigación de las narraciones desdramatizadas, ensaya en “Ernesto” tonalidades y tesituras que sin duda piden maduración y ser juzgadas con mayor distancia, así como una valoración más mesurada de lo trascendental y lo que no lo es. Pero, con “Ernesto”, ya se permite entrever una voz que, junto con otras en formación, aporta miradas y discursos desde una ciudad que apenas ha tenido presencia cinematográfica.

Francisco AlvarezFrancisco Álvarez Ríos (Cuenca, Ecuador, 1991) Actualmente cursa el último año de la carrera de Cine en la Universidad de Cuenca. Integrante del Grupo de Cine Banal Necio, que propone un brote de experimentación en el audiovisual. En 2010 realiza su primer cortometraje “De Pie”. En 2012 realiza su segundo cortometraje de ficción “Ernesto”, que participó en varios festivales a nivel nacional. Ha colaborado en varios cortometrajes documentales y de ficción como asistente de dirección, sonidista y director de arte.

Ferrocarriles Argentinos: Ocaso y renacimiento

Edificios carcomidos, trenes oxidados y talleres en desuso son los recordatorios de la otrora próspera industria ferroviaria argentina. Hoy estos cadáveres arquitectónicos están adquiriendo una nueva vida marcada de posibilidades y desafíos. En este ensayo, el fotógrafo y arquitecto Remi Bouquet narra con imágenes el accidentado camino que recorre el ferrocarril hacia la resurrección de estos tesoros arquitectónicos.

por Remi Bouquet

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Las ruinas del tren, las estaciones abandonadas y la historia que yace en los escombros de estos cuerpos de metal y concreto han captado, instintiva e inexplicablemente, mi mirada. Como fotógrafo y arquitecto, esta fascinación puede deberse a mi interés por documentar el paso del tiempo en las arquitecturas. El tiempo afecta inexorablemente las construcciones humanas convirtiéndolas muchas veces en edificaciones decadentes presas del olvido.
Pero más allá de esta curiosidad estética, mi interés tiene un trasfondo personal y emotivo: mi abuelo Antonio fue maquinista ferroviario y mi ciudad, Santa Fe, ubicada en la región centro-este de Argentina, acunó durante décadas una próspera industria ferroviaria que con el paso de los años y los avatares políticos decayó. La desaparición de los ferrocarriles no sólo dejó un hoyo en la economía nacional sino también en la memoria colectiva de los ciudadanos, pues su importancia se extendía más allá de su función de sistema de transporte.

Mi abuelo Antonio, quien como sus ocho hermanos era conductor de trenes, conoció la geografía argentina conduciendo ferrocarriles. Sus relatos acerca de su vida sobre los rieles aún resuenan en mi memoria: el levantarse a las 4 de la madrugada cuando el “llamador” le golpeaba la ventana del dormitorio de su casa para tomar servicio, las comidas que cocinaba viajando durante días fuera de su casa, las amistades que se forjaron en “la línea”.

Y es que en su tiempo la sociedad ferroviaria en Argentina gozaba de gran prestigio. Cuando a mediados del siglo XX, la dirección de los ferrocarriles argentinos pasó de manos inglesas al estado argentino, la industria ferroviaria gozó de una época de oro en la que fue una importante herramienta de desarrollo de la economía nacional. Una arteria vital del país que contaba con 50,000 kilómetros de vías, el ferrocarril fomentó la generación de pueblos y ciudades, la creación de industrias donde se fabricaban las partes de las locomotoras desde tornillos hasta coches de tren, y con ello produciendo una vasta vida social en torno al ferrocarril.

Sin embargo, el auge de la industria ferroviaria empezó a decaer durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962) cuando se instalaron las empresas multinacionales de automóviles y camiones y la construcción de carreteras. Desde ese entonces el ferrocarril se vio encaminado hacia la extinción: con el paso de los años y los gobiernos, miles de locomotoras fueron desarmadas, los edificios abandonados, las personas desempleadas y los pueblos nacidos a la vera del ferrocarril devastados.

En la década de los noventa, debido a políticas neoliberales, los ferrocarriles argentinos fueron privatizados y traspasados a empresas que poco a poco fueron desapareciendo, dejando tras su paso 85,000 trabajadores ferroviarios sin empleos, 800 pueblos incomunicados y un millón de emigrantes que tomaron rumbo hacia las capitales argentinas y abandonaron pueblos y ciudades del interior.

Testigos, y víctimas, de esta decadencia son los talleres vacíos, los edificios en desuso, los cadáveres de trenes desparramados a lo largo de las vías férreas, oxidándose a la intemperie — un vivo recordatorio de la herida creada en ciudades como Santa Fe —. A diferencia de muchas otras poblaciones que desvanecieron, Santa Fe ha sobrevivido el cierre del ferrocarril y está tratando de dar nueva vida y nuevas significaciones a estas cicatrices arquitectónicas. Hoy, muchos de estos cadavéricos edificios, como el Molino Marconetti, la Estación Nacional General Belgrano y el antiguo taller ferroviario La Redonda, están siendo recuperados no con la función que les dio origen sino como centros culturales que albergan obras de arte contemporáneo, y espectáculos de música y danza.

Este ensayo fotográfico — realizado entre 2009 y 2013 y que retrata edificios ferroviarios abandonados, trenes en ruinas y el inicio de una nueva época — explora los conceptos de la memoria, el paso del tiempo manifestado en las arquitecturas y la inquietud por vencer el apego ante los cambios que el tiempo impone. En las ruinas y en los gestos por darles vida nueva, surgen nuevos tiempos que no sólo presentan la posibilidad de nuevas apropiaciones y re-significaciones, sino que también reflejan los desafíos y falencias de las autoridades y entidades en su labor de recuperar y renovar estos tesoros arquitectónicos.

Remi Bouquet

Remi_0822_4Remi Bouquet es arquitecto urbanista y reportero gráfico de Santa Fe, Argentina. Su afición por la fotografía nació hace siete años. Su interés se centra en capturar un momento en tiempo y espacio, retratando su propia naturaleza, su belleza intrínseca, su alma, poniendo en evidencia una de las tantas realidades posibles, como así también exponer el valor estético propio del objeto fotografiado y de la imagen.

André Pike: Funky, fun with a hint of sophistication

The Salt Lake City artist finds inspiration in the female face and an endless realm of possibilities in mixed media.

[easy-media med=»2559″ size=»350,350″ align=»right» mark=»gallery-Aw16GS»] For young Salt Lake City artist André Pike, the female face is an indefatigable source of inspiration. “Capturing someone’s facial structure and essence is very thrilling to me because each one is never the same,” says Pike, who started painting and drawing seven years ago when he was 12.  It is so that his style mirrors the essence of his subjects such as music divas Sarah Vaughan, Barbra Streisand and Diana Ross: “funky, fun, with a hint of sophistication.”

Influenced by pop art realism, color field and abstract art, Pike favors mixed media because of its seemingly endless possibilities. “You can create funky textures, patterns, 3D structures and so on, all of this can’t always be accomplished with just using one medium. It’s something that’s not usually intentional for me to make a mixed media piece, it usually just happens to fit the art piece,” he says.

In his fledgling but productive career, Pike aspires to open an art gallery in the city while searching for one thing: “The works of art I dream up in my mind haven’t quite matched my work in reality quite yet. I’m not sure they ever will.”

~ Suan Pineda

André Pike

Photo: Preston Mackay

André Pike, a Salt Lake City artist, has participated in public murals for organizations such as Neighbor Works and Utah Transit Authority, with Utah artist Ruby Chacón. He also took part in the SLC, RAWartist event Discovery. Pike is currently working on a visual arts degree at Salt Lake Community College.

[Photo: Preston Mackay]

Jorge Porras y el poder de los sueños

El pintor traza un mundo utópico entre sombras y sueños, entre maravilla y espanto.

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por Jorge Dávila Vásquez

Todos los seres humanos almacenamos en nuestro inconsciente una gran dosis de maravilla y otra de espanto: esos son los materiales de que están hechos los sueños.

El hombre es sombra y sueño, sentenciaba el viejo poeta griego Píndaro, y es verdad, ya que con iguales dosis de fantasía y oscuridad nos ha amasado la Providencia, y una y otra aparecen y reaparecen en nuestras vidas día tras día.

Estamos hechos de la materia de los sueños, decía Shakespeare, que sabía más que nadie de qué substancia fuimos confeccionados hombres y mujeres, y la facilidad inmensa con que nos perdemos en las fantasmagorías, como ocurre con el extravagante Mercutio de Romeo y Julieta o el inefable Bottom de Sueño de una noche de verano.

Toda una ancha base onírica, con impresionante riqueza de conocimientos de lo mágico, lo mítico y fantástico, ha tenido presente Jorge Porras Olmedo, un artista singular, nacido en Cotacachi en 1968, para ofrecer ante nuestros ojos los frutos de su fantasía, con la sencillez con que el artesano pone los panes que han horneado sus manos y que saciarán nuestra hambre, o la jarra de cerámica que modeló en su torno y que se llenará de agua para calmarnos la sed.

El artista crea un conjunto de cuadros en los que vierte su tendencia hacia la utopía que, como es usual en casos semejantes, sobre todo en el terreno de lo literario (recordemos si no, la saga gigantesca de El señor de los anillos), toma elementos de la realidad en distintos grados, mediatos e inmediatos, y construye con ellos un orbe que resulta casi irreconocible. Contemplar los logros de ese cosmos generado por una mente en extremo soñadora, resulta una experiencia inolvidable. Hay que acercarse a la obra de Porras con la pureza con la que escuchábamos las fábulas de la infancia, sentir la fascinación y el miedo de entonces, no temer dejarse llevar por el hilo de Ariadna de la maravilla, en este laberinto de seres y cosas tocados por la vara mágica de un genuino creador. Enamórense de los seres cuyo retrato imaginario nos entrega el artista y dejen de lado, por un momento, todo aquello que les ligue a las agotadoras preocupaciones cotidianas, porque todos tenemos derecho a una dosis de prodigio, a construir nuestras propias mitologías, a elaborar la versión de una historia fabulosa que solo compete y pertenece a cada uno de nosotros.

Por supuesto que, en el universo de Porras hay una inmensa dosis de belleza pero también de incertidumbre, tal como puede ocurrir en los sueños o en los mundos utópicos, aún en los más inolvidables.

Las enigmáticas mujeres que pueblan sus cuadros —frutos maduros de una técnica pura y refinada, de absoluto dominio del color, la composición y el sabio dibujo—, son todas seres encantados, cautivos para siempre en la cárcel de su hermosura y de indescifrables enigmas que, en vano, trataríamos de descifrar. Los guerreros, que lucen las más elaboradas armaduras, inspiradas en armas de la antigüedad, el medioevo y el Renacimiento, en lo oriental y lo occidental, vienen cabalgando en corceles de coral tallado o en inverosímiles bestias de la quimera; proceden, asimismo, de esferas secretas, y no sabemos si serán héroes que combatan con míticos dragones, para liberar Andrómedas de excepcional y desnuda armonía, o mercenarios, de esos que atraviesan, como en un cuento de Alejo Carpentier, las guerras del tiempo.

¡Cuidado con las armas y miradas afiladas de estos personajes! Todo aquí es inquietante, y al mismo tiempo seductor, todo puede transformar o petrificar al espectador, todo oscila entre la magia de lo neo-surrealista y la libre fantasía de un artista capaz de concebir las más audaces utopías del arte ecuatoriano.

Incluso las comediantes adquieren una dimensión diferente a la que pueden tener en la realidad próxima, diríamos casi una majestad, en sus atuendos y comportamientos, que los eleva a estratos de sutiles filosofías y hechizos.

Los objetos, que parecen salidos de los cuadros, y que toman ante el espectador una materialidad tangible, distinta de lo meramente pictórico, nos resultan aún más desconcertantes, pues tienen la apariencia de piezas que hubiesen enmascarado los rostros de los héroes o antihéroes que pueblan los cuadros.

La obra de Porras es un carnaval de la fantasía, la creatividad y el trabajo incansable. Su contemplación pasa, de inmediato, a la esfera de lo que no se olvida, de aquello que tiene un no sé qué de sortilegio, y que, por ello mismo, permanecerá en las esferas de lo secreto de nuestra sensibilidad y nuestros gustos, largamente.

Debemos agradecer a un artista que, dueño y señor de sus saberes y del estupendo despliegue de su magistral oficio, es un espíritu de una admirable sencillez, como todo mago verdadero: produce el encantamiento, y sigue con la práctica de sus ensalmos como si nada hubiese ocurrido a su alrededor, sumido profundamente en la misteriosa práctica de su arte incomparable.

[alert type=»yellow»]Nota del editor: Crítica a la exposición «Fabulaciones» presentada en Cuenca en la Galería de la Alcaldía en el 2008.[/alert]

Jorge Porras Olmedo

1PINTOR JORGE PORRAS OLMEDO.(Cotacachi, Ecuador, 1968) es un pintor, retratista, muralista, ilustrador de libros y catedrático que realiza proyectos culturales con su obra. Estudió en la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador. Entre sus principales exposiciones se destacan las colectivas Cien años de la pintura imbabureña, Quito, Ecuador; Arte Ecuatoriano y Latinoamericano, Bruselas, Bélgica; Arte Joven Ecuatoriano, Heidelberg, Alemania; Arte Contemporáneo, Fundación Rigoberta Menchú, Leganés, España, entre otras. Ha realizado varias series como: “El origen”, “Sueño adentro”, “Bestias y magias”, “Fabulaciones ludovicas”, “Fabulario”, como parte de esta última experiencia ilustra el libro del escritor de literatura fantástica Juan Carlos Morales Mejía, Fabulario del dragón, el cual fue nombrado como el mejor libro impreso de América Latina, en el XV Concurso Teobaldo de Negris, en Buenos Aires. Para más información sobre el artista, puede visitar su sitio Web: www.jporras.com

Tres vistazos a ‘Cotá’

El cortometraje en los ojos de una crítica, un director y un actor.

La crítica: Rosalía Vazquez Moreno

El ser humano es un animal simbólico. La significación diaria que le otorgamos a nuestras acciones o a los objetos que nos rodean es la que nos permite sobrevivir nuestra pequeñez y sobrellevar (en cierto modo) la muerte. Cuando Constantino significa a la rutina de su “miércoles doloroso” como una alegoría de resurrección nostálgica en su pequeña guerra contra el vacío, estará ejerciendo ante nosotros la más pura humanidad y la más dolorosa cura ante la muerte: el recuerdo.

“Cotá” es un acercamiento sutil y maravilloso a la intimidad, a lo más profundo de la soledad y nostalgia. Sus múltiples planos de detalle nos permiten no sólo mirar de cerca lo meticuloso del rito, sino también experimentar una ausencia leve e infinita. En “Cotá” Cristian Maldonado y Jaime Terreros juegan con lo difícil de la nostalgia y lo cotidiano del vacío, lo que resulta en una pieza ciertamente conmovedora. No podemos limitarnos a hablar de la pérdida para referirnos a este corto, porque lo que importa no es la pérdida en sí misma, sino el vacío, y  “Cotá” es justamente eso, una oda para los que se quedan, una oda para el vacío.

El director: Camilo Luzuriaga

“Cotá” se luce, ante todo, por la fotografía. El corto toma como escusa el recorrido de su único personaje por su casa, sus calles y su cementerio, para desplegar un ojo ávido de visualidad. No por casualidad fue filmado en una casa de escenografías y texturas apetitosas, y en el antiguo cementerio de la ciudad de esculturas impactantes y nichos significativos. Los encuadres y la luz están bien resueltos.

No así la acción. Desde el guión mismo, el monólogo priva al actor del recurso de la interacción con otro actor, lo que debilita o inhibe su capacidad de accionar, y que conduce al actor a realizar una serie de desplazamientos, actividades y acciones que aparecen como estrictamente físicas, sin evidencias de acciones verdaderas que lo motiven. El actor aparece, por tanto, como movido por la necesidad del argumento, y no por motivaciones verdaderas y profundas.

¿De dónde viene Cotá cuando llega a su casa? ¿Viene por rutina? ¿Si fuese así, por qué se trasviste? ¿Es otro acto rutinario, al igual que la visita al cementerio? ¿Lo hace todos los días? ¿Qué significa su trasvestimiento?

El corto merecería un remake, un volver a hacerlo, para aprender de los errores y de los aciertos. El guión, la actuación y la puesta en escena tendrían que comprometerse al nivel de la fotografía.

 El actor: Gonzalo Gonzalo

Todo en un ritual, en una ceremonia que se repite indefinidamente en el tiempo. Eso que nos mantiene apegados, entre otros, a nuestros recuerdos y a nuestra propia esencia, que nos blinda con su valor simbólico e intimismo frente a lo aplastante de la realidad.  Eso es Cotá.

Jaime Terreros nos ofrece, en lo que probablemente sea su primera interpretación relevante, un fragmento de vida, intuyo que casi propia (guionista, actor y co-director), perteneciente a un hijo y su madre, ya ausente. Pleno de detalles, Cotá muestra, a través de rituales aprehendidos, el nunca desaparecido cordón umbilical con su ser querido. Tiende su cama, pone su música, huele su madeja de hilo, coloca su collar en la imagen de la virgen y prende las velas a sus pies. Para finalmente llegar, a través de su otra personalidad, la escondida, la encerrada, la vedada a los demás, a la plena y total comunicación con su madre.

Hondo, cercano, delicado, solitario, metódico, sobrio, detallista, dual, ese es el personaje de Cotá. Eso es lo que nos da Jaime Terreros en Cotá.

Jaime Terreros

Terry(Cuenca, Ecuador, 1961) estudió la carrera de Geografía en la Universidad de Cuenca. Actualmente se encuentra estudiando en el Programa de Cine de la Universidad de Cuenca (Procine). En su primer año en Procine rueda su primer cortometraje llamado “Baja noche” y participa en varios proyectos colaborando con la producción, hasta que llega a filmar e interpretar su cortometraje “Cotá”.

Cristian Maldonado

Cristian Maldonado(Cuenca, Ecuador, 1980) estudió la carrera de Producción y Dirección de Televisión en la Universidad del Azuay. Actualmente estudia en el Programa de Cine de la Universidad de Cuenca (Procine). También ha incursionado en otras artes como la pintura. Rodó un cortometraje de bajo presupuesto llamado “Oda para Abril” pero es cuando dirige “Democracy is on the wire” que entra de lleno dentro del panorama audiovisual de la ciudad de Cuenca.

“Cotá” corto participó en el Festival de Cine “”La Lira” en Cuenca, Ecuador.

Catalina Carrasco y su laboratorio creativo

La artista ecuatoriana consigue el balance estético entre lo variable y lo volátil de las emociones.

por Bartolomé de la Paz

[easy-media med=»2470″ size=»300,300″ align=»right» mark=»gallery-dm52xg»] La cruzada creativa de Catalina Carrasco contiene propuestas que logran una mimesis de medios y técnicas en cada uno de sus ensamblajes. Su taller es un “laboratorio de multi-facturas artísticas”, un exigente espacio de praxis artística y labor creativa. Su oficio, de casi tres décadas, le ha permitido la profunda y libre investigación de medios y soportes de una manera  irreverente, exigiéndole y al mismo tiempo guiándole hacia el manejo óptimo de recursos plásticos que se superan a sí mismos con el avance de los nuevos medios que ofrece el mercado. La artista lo define como “retro-alimentación”. Su Arte consigue el balance estético entre lo variable y volátil de las emociones con lo estático y dosificado de lo matérico. Cuando el artista ya no es sorprendido por los efectos o filtros de un cierto programa digital o esclavo de un talismán del mercado para plasmar sus obras, es cuando toma las riendas con entera libertad, siendo el amo de la bandeja virtual y los medios plásticos y técnicas, en un proceso de creación que traspasa las barreras de la óptica común. Éste es el caso de Catalina Carrasco.

Catalina Carrasco

Foto Perfil C. Carrasco(1968, Cuenca, Ecuador) tiene una licenciatura en artes visuales de la Universidad de Cuenca y ha sido becada por la Pacific Art League of Palo Alto, California y la Universidad de Stanford. Ha sido profesora en la Facultad de Artes Visuales en la Universidad de Cuenca. También ha incursionado en la fotografía artística y manipulación digital. Ha participado en 120 exposiciones tanto en Ecuador como en México, Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa. Para conocer más sobre la artista, cuyo taller se encuentra en San Agustín, Azuay, visite su sitio Web: www.catalinacarrasco.com. También puede contactar a la artista por correo electrónico: katacarrasco@gmail.com

Música: Balada Preludio

El pianista colombiano David Reyes Henao hace un viaje musical a través de la inocencia y la confrontación de los sentimientos.

Balada Preludio” es una obra que tiene un tema principal sencillo y romántico, el cual se caracteriza por un ambiente musical brillante y una métrica que sugiere el estilo de una balada pop. Su desarrollo a través de modulaciones a diferentes tonalidades hacen que esta obra sea un hilo conductor que nos lleva desde la inocencia hasta la confrontación de los sentimientos, terminando con una atmósfera sonora de tranquilidad sin resolver.

~David Reyes Henao

David Reyes Henao

HeanoNació en Bogotá en 1983. Inició sus estudios musicales a los 7 años, influenciado por su abuelo, el maestro Felipe Henao, quien le enseñó el estudio del piano. Realizó sus estudios formales en la Universidad Sergio Arboleda, de donde obtuvo el título como maestro en música. Ha realizado presentaciones como solista en escenarios como la casa Graw, el museo Nacional y el auditorio de la USA, entre otros. Fue merecedor del premio Sofía de Hernández, otorgado por la Universidad Sergio Arboleda en el 2003 y también fue seleccionado para representar a la universidad en el III festival de música en Cartagena, realizado en el 2009. En diciembre del 2012 realizó un concierto en el Auditorio Los Fundadores, donde presentó la obra “Suite Latina”, pieza de su autoría con arreglos para cuatro teclados y batería/percusión. En la actualidad se desempeña como pianista de diferentes escenas de Bogotá. Su perfil como compositor es nacionalista con una fuerte influencia de la música afro-cubana.
Puede contactar a Reyes Henao por correo electrónico: dreyeshenao@gmail.com